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ASOCIACIÓN ESCUELA Y AUTOGESTIÓN
UNA ASOCIACIÓN PARA LA ESCUELA Y PARA LA SOCIEDAD
UNIFORMES ESCOLARES PDF Imprimir E-Mail
domingo, 03 de febrero de 2008

Nuestra sociedad, que paulatinamente tiene una composición más diversa, se ve, sin embargo, agobiada de forma reiterativa con el tema de los uniformes escolares. Se pretende vestir a los niños y las niñas, todos iguales, en los colegios. 

      Pero hemos de ser conscientes que los colegios, son los lugares donde se educa a  nuestros niños y niñas. Cualquier norma y modelo que se articule debe tener en cuenta, por tanto, que estamos educando. Por ello debemos preguntarnos con qué finalidad se están planteando estas iniciativas, ¿beneficia realmente a los niños y niñas? ¿no resulta extraño que se pretenda educar en la diversidad con uniformes?. 

Se suele hablar de economía familiar pero curiosamente esa uniformización se produce en colegios donde acuden los niveles sociales más altos, donde previamente se ha hecho una selección que suele tener mucho que ver con las rentas familiares.  ¿Quién y donde se ha calculado ese ahorro? ¿También se ahorra en el material escolar, común e igual para todos? ¿No sería interesante ahorrar también trabajando con libros de texto propiedad del propio centro y no de cada niño o niña? Es decir no creemos que sea este el verdadero motivo de la implantación del uniforme.  

Si ese fuera el criterio volveríamos los ojos a Cuba donde todos los niños y niñas llevan uniforme. Allí si abarata los costes y evita discriminación y diferencias. Y pese a no estar de acuerdo con muchos de sus planteamientos educativos, en este caso nos enseñan coherencia. 

      Lo primero que sugieren los uniformes, pese a lo que se dice y precisamente por su igualdad, es la separación. Se elimina la peculiaridad de cada individuo, cada persona, para diluirla en un grupo, afianzar su cohesión y vincularse en el enfrentamiento con otros: “Somos nosotros y somos distintos.” Recordemos que solo llevan uniforme los equipos rivales en los encuentros deportivos, los militares, los cuerpos de seguridad, los ordenanzas, los religiosos (hábitos), los sacerdotes,... Siempre son grupos que quieren hacerse notar como distintos a otros.  

      Los niños y niñas, en su proceso educativo, están construyendo su identidad, su peculiaridad y nos piden y exigen que se la respetemos, que ayudemos a hacerlos iguales en derechos pero manteniendo sus diferencias. 

      Para un maestro, un profesor, un educador, es muy importante tener en cuenta esa diversidad, esa peculiaridad, pero si lo que tenemos delante es la uniformidad, el uniforme, realmente se nos impone la vivencia de que todos tienen las mismas características, las misma oportunidades, las mismas necesidades. Cualquier educación que se precie ha de respetar esa individualidad. No se aprende ni se educa desde parámetros iguales para todos sino desde el conocimiento y respeto a esas diferencias. 

      Y esa peculiaridad se nota también en el vestido. Pantalones caídos, cintura descubierta, gafas de sol, ... todo ello, mientras no perturbe el orden del aula, la transparencia de la relación profesor-alumno, ¿a quién estorba? ¿no es normal esta diferencia que existe de puertas a fuera de los centros? Es como si los colegios, los centros escolares fueran guetos donde no existe la vida, la sociedad real. 

      Nos intriga también la curiosa diferencia entre uniformes para niñas y para niños. Habíamos quedado en que éramos iguales, pero en este caso parece que no es posible esa igualdad. Luego detrás del uniforme puede haber ideologías que no se manifiestan con claridad o no se atreven a exponerlas sus diseñadores. 

      Los adultos, como ya no se nos pueden imponer estas formas de impersonalidad, no vestimos uniformes. Al contrario se nos ofrecen mil modas para que vayamos cambiando y cada uno escoja sus peinados, trajes, corbatas, cinturones y camisas,...Quizás sea así porque ya estamos dominados, ya nos hemos acostumbrado a ser manejados por el sistema y creemos que somos libres sometidos a la tiranía del mercado y de la moda. 

      Es claro que los colegios dependientes de órdenes religiosas, cuyos dirigentes visten o han vestido hábitos, lo vean normal y no les parezca extraño. Cuando existían los colegios de huérfanos de la Policía, de la Guardia Civil, del Ejército,... también llevaban uniforme, pero fueron desapareciendo paso a paso. (Es curioso, pero los colegios de Huérfanos de Maestros nunca llevaron uniforme.) Pero a los niños y las niñas, sean quienes sean, les debemos un respeto. ¿Vamos a uniformizarlos ya desde el inicio? 

      También hemos de ser conscientes de que el uso del uniforme se desarrolla en un esquema de control. Y a lo mejor es este el motivo que aunque no se manifiesta públicamente está detrás de esta visión uniformizada de la vida. Un niño, una niña que comete una infracción con un uniforme determinado tiene el agravante de “manchar” a la institución a la que pertenece. 

      ¿No estamos cargando excesivamente a los niños con responsabilidades que nos les competen? Sin embargo les liberamos de las que si son especialmente suyas, preguntar, investigar, buscar, experimentar,...Da la impresión de que buscamos que nuestros niños y niñas estén controlados y perfectamente diferenciados de los otros, siempre. Educar no es igualar sino aceptar y valorar las diferencias respetando los derechos y haciéndoles responsables y partícipes en su promoción.  
 

 
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