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ASOCIACIÓN ESCUELA Y AUTOGESTIÓN
UNA ASOCIACIÓN PARA LA ESCUELA Y PARA LA SOCIEDAD
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Quisiera quedarme en Asturias y quiero ser carpintero |
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domingo, 30 de septiembre de 2007 |
Tiene nombre de rey, pero su vida no ha sido precisamente de reyes. Faisal es marroquí. Nació en Larache hace 17 años. Apenas habla español, pero se hace entender. No lo ha tenido fácil. Llegó a España, escapando de la pobreza, en los bajos de un autobús. Ceuta, Algeciras, Barcelona y Asturias han sido las paradas de un largo viaje que a Faisal le gustaría sin retorno. "Quiero quedarme y ser carpintero", dice.
A la unidad de primera acogida del Materno Infantil de Oviedo recaló por primera vez el 20 de mayo de 2007. Hace apenas unos días volvió a atravesar de nuevo las puertas del Materno tras huir del centro catalán al que había sido devuelto desde Asturias. Su destino final, acordado por las autoridades catalanas, no era otro que regresar a Marruecos. Faisal sigue sin ser consciente de que su vida en el centro ovetense tiene fecha de caducidad. El Principado se lava las manos y argumenta que nada puede hacer por Faisal porque su tutela está en manos del Gobierno catalán. El Instituto de Infancia ultima ahora todos los trámites para trasladarlo una vez más a Can Mas, en Barcelona. "Si me vuelven a llevar, me vuelvo a escapar", asegura con cara de preocupación. La historia de Faisal, relatada por él mismo, es un fiel reflejo de un fenómeno que ha pillado a contrapié a los servicios de protección a la infancia. La Administración los llama menores extranjeros no acompañados, pero no son más que inmigrantes adolescentes que llegan a España atraídos por El Dorado, mil veces relatado por amigos y conocidos que emprendieron el camino de la emigración. " Qué hago yo en Marruecos? No hay nada, no hay trabajo", comenta Faisal. Este adolescente, que cumplirá 18 años el 31 de enero, recurre a este periódico en busca de ayuda. Y cuenta su historia para saber si por lo menos así ablanda el alma del burócrata y evita la deportación, eufemísticamente llamada reagrupamiento familiar en origen. Reconoce, antes de que se lo echen en cara, que aquí, en Asturias, ha cometido algunos errores. No es ningún santo. "No conocí a mi padre", dice. Así empieza el relato de su vida. " Y tu madre?", le pregunta el periodista. "Está sentada en casa de mi abuela", responde como si su madre se limitara a ver pasar la vida. Faisal tiene además dos hermanos --un varón y una mujer--. Gracias al sueldo de su hermano, pescador, salían adelante. "Mi familia, en Marruecos, muy mal", comenta. Faisal apenas ha recibido formación. Tuvo que dejar la escuela con 16 años. Ya antes, con sólo 14, se echaba a la mar cada día para conseguir aportar algo de dinero a una casa en la que vivían hasta 10 personas. La familia, en Marruecos, va más allá de padres e hijos. Faisal abandonó su país con la aprobación de su madre, la misma que le dice que sea bueno y que está de acuerdo con que no vuelva. "Muchos amigos míos habían venido a España", afirma. La transmisión oral ha hecho por la inmigración mucho más que cualquier efecto llamada . En los bajos de un transporte, dio el salto a Ceuta y en el interior de un trasbordador llegó a Algeciras. La ayuda económica de los españoles le permitió coger el autobús a Barcelona donde tenía y tiene algunos amigos. Vivió en la calle y en una casa deshabitada hasta que llegó a la unidad de primera acogida y la Generalitat catalana se hizo con la tutela. Faisal lleva en España un año y seis meses y aún no tiene papeles. La Administración debería habérselos tramitado ya para evitar que repita la historia de su amigo Said que acaba de cumplir 18 años y anda tirado por Oviedo. Faisal dice que muchos compañeros suyos han emprendido desde Barcelona la ruta del norte . El Materno Infantil es un paraíso comparado con los masificados centros de acogida catalanes. "En Asturias, mejor", comenta. Faisal habla el poco castellano que ha aprendido a salto de mata en las unidades de protección de menores por las que ha pasado. Sus frases no llevan verbos ni artículos. Su ilusión es aprender un oficio. Quiere quedarse en Asturias, ser carpintero y ayudar a su familia en Marruecos. Faisal debería haber pasado aquí en Asturias de la unidad de primera acogida a un centro de menores. No lo ha hecho. La ley marca que la estancia en recursos de primera acogida no debería exceder los 45 días. Faisal lleva tres meses. No fue escuchado cuando la Generalitat reclamó su tutela y el Principado decidió enviarlo de nuevo a Can Mas. Sabía que podía ocurrir en cualquier momento porque había sido alertado por los educadores del Materno. Aún así, como él mismo dice, le pilló por sorpresa. "Coge todo, me dicen, y me lleva la Guardia Civil", recuerda. Faisal y Said, el mismo que ahora vive como puede, emprenden así camino de regreso, provisional, a Barcelona. Un día después Said cumplía 18 años. No han cometido delitos. Son menores y no infractores, pero ambos son trasladados en un coche de la Guardia Civil. A mitad de camino, trasbordo y nuevo coche del instituto armado. Faisal dice que la segunda parte del trayecto la hicieron esposados por los agentes. Un educador los recogió en Barcelona para llevarlos de vuelta al centro de acogida. Su estancia allí apenas duró una noche. Y es que Faisal sabe que Cataluña es su pasaporte sin retorno hacia Marruecos. El lugar donde su madre sigue sentada, en casa de su abuela, viendo la vida pasar. Dice, por extraño que resulte creerlo, que los propios educadores del centro le dieron el dinero para el billete de regreso a Asturias. Así fue como volvió a cruzar las puertas del Materno. Ya no quiere viajar más. "No puedo volver. Qué hacer en Marruecos?", repite. Aquí, en Oviedo, no es muy consciente del revuelo que ha suscitado la presencia en Asturias de los menores marroquís. Dice que sólo sale a la calle con dos o tres amigos. No quiere problemas porque los ha tenido. Recuerda el episodio, publicado por este periódico, que le llevó hasta el hospital con las gafas rotas, las mismas que utiliza ahora para protegerse de los demás. "Yo no tengo porros", afirma que les dijo a un grupo de jóvenes españoles. "Me rompieron las gafas", añade. Faisal no le da importancia y asegura, convencido, que sigue fielmente los consejos de su madre con la que habla por teléfono desde el centro una vez por semana. "Me dice: sé bueno. No te metas en problemas", recuerda. Con sus compañeros del Materno se lleva todo lo bien que puede llevarse. No tiene demasiados roces. No todos los menores alojados son, como se ha dicho, marroquís. Faisal quiere tener papeles y comenzar a aprender un oficio. Y pretende hacerlo desde aquí. "Sólo quiero quedarme a vivir en Asturias. Ser carpintero", concluye. Se despide ya. Hace falta, eso sí, que sus palabras sean ahora escuchadas para que la historia de Faisal tenga un final más feliz que la de Said. Para que Faisal no acabe tirado en la calle o dando un palo. |
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